¡Tiempo de felicitar! ¡Tiempo de abrazar!
Todo el mundo al menos en su madurez se ha llegado a plantear algunos cuestionamientos, y ha tenido que buscarles solución y adoptar una postura frente a ellos.

No sólo por curiosidad, sino por necesidad vital, cada persona se confronta con ciertas preguntas existenciales, por ejemplo: si toma decisiones correctas o incorrectas; si es necesaria e indispensable para cada uno la libertad, o el saber si somos lo suficientemente felices o si podemos alcanzar una vez resueltos todo esto la felicidad.

Entonces ¿A qué se refiere el término de felicidad? Un hombre sea joven, hermoso, rico y considerado para poder juzgar su felicidad, la cuestión es saber si además es alegre, y si es alegre poco importa que sea joven o viejo, bien formado pobre o rico: es feliz. (Schopenhauer). Miguel Carmena, nos platica este bello pasaje: Una vez un filósofo caminaba a orillas del mar. Se encontró a un pescador que estaba afanado en su trabajo. Le preguntó: Para qué pescas?, el pescador le contestó inmediatamente: pesco para ganar dinero, el filósofo insistió, Y para qué ganas dinero?, el pescador le respondió sin dificultad:

Para comer, el filósofo siguió su interrogatorio:, Y para qué comes?, La respuesta del pescador no se hizo esperar: para vivir, como para vivir, Aquí llegó la última pregunta del filósofo, Y para qué vives?, El pescador no supo que responder, repitió varias veces la pregunta: qué para qué vivo?, para que vivo?, para que vivo?, Finalmente, con voz insegura y entrecortada, dijo: vivo…vivo… para pescar… vivo para pescar… Y tú, ¿te has preguntado alguna vez para qué vives? no te parece que no vale la pena vivir para pescar, ¿que la vida debe tener un sentido más alto?

Hay un caso que nos puede iluminar, una persona que supo dar sentido a su vida en medio de los sufrimientos más atroces. Prisionero en el campo de concentración de Auschwitz, durante la Segunda Guerra Mundial, condenado a trabajos forzados, en un frío intenso, muerto de hambre, el psiquiatra Victor Frankl hizo esa experiencia, superó una situación límite gracias a una relación de amor auténtico. En ella encontró el sentido de su vida. Su relato, que lleva por título: Cuando todo se ha perdido, describe el momento en que era conducido a los trabajos forzados.

Mientras marchábamos a trompicones durante kilómetros, resbalando en el hielo y apoyándonos continuamente el uno en el otro, no dijimos una palabra, pero ambos lo sabíamos, cada uno pensaba en su mujer. De vez en cuando yo levantaba la vista al cielo, y veía diluirse las estrellas con las primeras claridades de la mañana, que comenzaba a mostrarse tras una oscura franja de nubes. Pero mi mente se aferraba a la imagen de mi mujer, a quien vislumbraba con extraña precisión. La oía contestarme, la veía sonriéndome con su mirada franca y cordial. Real o no, su mirada era más luminosa que el sol del amanecer. Un pensamiento me petrificó, por primera vez en mi vida comprendí la verdad vertida en las canciones de tantos poetas, y proclamada en la sabiduría definitiva de tantos pensadores. La verdad de que el amor es la meta última y más alta a que puede aspirar el hombre. Fue entonces cuando capté el significado del mayor de los secretos de la poesía, el pensamiento y el credo humanos cuando intentan comunicar que: la salvación del hombre está en el amor y a través del amor. Comprendí como el hombre, desposeído de todo en este mundo, todavía puede conocer la felicidad, – aunque sea sólo momentáneamente – si contempla al ser querido. Cuando el hombre se encuentra en una situación de total desolación, sin poder expresarse por medio de una acción positiva, cuando su único objetivo es limitarse a soportar los sufrimientos correctamente -con dignidad – ese hombre, puede, por fin, realizarse en la amoros contemplación del ser querido.

No cabe duda, el hombre está hecho para amar, para buscar la felicidad, tal vez esta no será absoluta, pero nos dará la gran oportunidad de ir tras de ella, si nuestro fin fuese ser infelices, tal vez no valdría la pena vivir.

Aquí está en juego toda nuestra libertad, y la autenticidad de la propia conducta, en una palabra, lo que se considera como lo más valioso e íntimo de cada uno, su decisión libre de presiones, y tal parece que la obligación le quita al hombre la única posibilidad de ser el mismo, de acuerdo con su propia mentalidad, de acuerdo con sus propios criterios, para buscar la felicidad. Y sin embargo no es así, esta obligación es mal interpretada y lejos de ser un obstáculo a la autonomía del hombre es más bien algo a considerar como muy indispensable y necesario para nuestra vida.

Un espectro anda al acecho entre nosotros, y solo unos pocos lo han visto con claridad: una sociedad completamente dedicada a la mecanización y programación y por lo tanto al consumo material, debemos de evitar esto y tener frente a nosotros valores que nos eleven por encima de todo al encuentro anhelado: LA FELICIDAD.

Es preciso en este tiempo en que todo es comprensión, amabilidad, entrega, amor, alegría, convivencia, que valoremos todo lo que nos rodea, principalmente a nuestros seres queridos, darles un abrazo, que sea la TRASMISIÓN DE NUESTRA FELICIDAD, que este tiempo de fiestas navideñas, nos lleve a comprender más, a saber que todos necesitamos amor, así en el dar estará nuestra dicha, porque sabemos que muchos nos necesitan y nosotros los necesitamos a ellos.

Importantísimo seria que brindemos el cariño que todos están esperando de nosotros y gritar a los cuatro vientos auténticamente: ¡Felicidades!, recuerda que lo que estarás deseando es que tu ser querido encuentre su sentido más profundo, que sea genuino su amor por los sus semejantes, en fin, estás deseando su salud del corazón.

VLT

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