¿Qué tan importante es el trabajo de cuidados y domésticos para el desarrollo económico, político y social para nuestro país? ¿Qué impacto tiene este trabajo en nuestras empresas? Pues bien, si partimos que lo más importante de nuestra comunidad es el recurso humano, entonces diríamos que es sumamente importante. En nuestro imaginario pensamos el que ser “Autónomo e independiente” que labora en nuestra empresa aparecía como por arte de magia, pero no es así, la persona que está colaborando con nosotros es el resultado de una cadena de cuidados y trabajos no remunerados que en algún momento alguien hizo por él o ella para convertirle en adulto funcional y ser el excelente colaborador que tenemos. No obstante, este trabajo se ha invisibilizado y una de las muchas razones es porque a ojos de muchos es un trabajo “para mujeres”.

Hay que tener claro que estos tiempo -trabajo doméstico y de cuidados- siempre están presentes en nuestra vida, ya sea como beneficiarios en edades dependientes o como proveedores en edades adultas pues Todas las personas necesitamos ser cuidadas a lo largo de nuestra vida, por razones de edad, enfermedad o dependencia social, siempre necesitaremos ser atendidos para sobrellevar y resolver dicha dependencia y para su atención se requerirá no sólo de tiempo, sino también de recursos económicos, materiales, así como de conocimientos y habilidades según la necesidad, por lo que esto convierte al cuidado y trabajo doméstico en una característica central del bienestar y desarrollo humano.

Por ejemplo, pensar en la crianza de un niño o niña de 3 años es pensar no sólo en la atención que se requiere prestar sino también en las condiciones que se requiere tener para poder proporcionarle un cuidado de calidad, condiciones como un techo, comida, limpieza del lugar donde estará, así como tiempo para su estimulación y aprendizaje. Cuando pensamos en quién realizará dicha tarea, rápidamente viene a nuestra mente la imagen de una mujer, y no, querido público lector, no es que sea la más la capacitada, es que así se ha determinado en nuestra sociedad. Los estereotipos y roles de género que existen en nuestro país siguen orillando a las mujeres como las únicas responsables de dicha tarea, además de las actividades de trabajo doméstico. Tan fuerte es este estereotipo que en nuestro país aún existen leyes conciliatorias en donde se orienta a que las mujeres y el espacio privado (el hogar) serán los encargados de resolver dicha problemática, otorgando así ciertas concesiones como los permisos maternos en caso de que un hijo o hija enfermen únicamente a las mujeres pero difícilmente otorgada a los varones.

No obstante, en el caso de las mujeres, dichas construcciones, orientadas al trabajo no remunerado y de cuidado realizado en los hogares, han permitido que persistan las desigualdades no sólo laborales, sino de salud, tiempo, calidad de vida, entre otras. El trabajo no remunerado y de cuidado que se realiza al interior de los hogares conlleva la producción de las condiciones que sostienen el bienestar de las personas, pero paradójicamente quién provee dicha actividad queda desplazado teniendo consecuencias en su desarrollo personal, además de que se genera una mayor carga temporal, mental, emocional y física. Lo sorprendente de todo esto es que el trabajo doméstico y de trabajo no remunerado se ha invisibilizado ya que de ser valorado en el mercado representarían 23.5 por ciento del Producto Interno Bruto (Garfías & Vasil’eva, 2020) . Actualmente en nuestro país existen leyes conciliatorias y leyes corresponsables que ayudan un poco a disminuir el problema de la falta de tiempo en las mujeres, pero el problema radica en que precisamente pensamos que los púnicos responsables de resolver esto son las familias y dentro de las familias, son las mujeres, lo cual ha sido un error que ha costado la perdida de talento femenino, preguntémonos ¿por qué existen pocas mujeres en puestos directivos dentro de las empresas? Y aunque las razones son muchas, una de las respuestas principales se debe a que nuestras leyes siguen favoreciendo un rol de género desigual para las mujeres.

Como empresas podemos seguir colaborando con esto o podemos marcar un cambio con pequeñas acciones, uno de esto estos cambios es capacitarnos en La Norma Mexicana NMX-R-025-SCFI-2015 en Igualdad Laboral y No Discriminación y la NOM-035-STPS, por mencionar algunas.

Estas pequeñas incorporaciones generan un cambio de paradigma en nuestros espacios productivos en donde poco a poco podemos comprometernos en crear realidades más igualitarias y equitativas en donde no se pierda de vista que nuestro valor más importante es nuestro recurso humano y sus familias.

VLT

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