El área legal nos dice que se debe reunir los siguientes requisitos para una jubilación, haber cumplido 65 años; quedar privado de un trabajo remunerado y tener reconocido, por el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), un mínimo de 500 cotizaciones semanales conforme a la ley anterior, o 1,250 semanas conforme a la ley vigente.
En realidad, esto suena como una información muy amigable y esta acción no debería de tener un contexto amenazante, pero para algunos adultos mayores lo tiene, porque a pesar de que la palabra jubilación viene de júbilo puede llegar a ser un duelo difícil de sobrellevar incluso para algunos puede ser sinónimo de muerte por que han puesto todo su sentido de vida en un escenario y cuando este termina su sentido de vida también. Y cuando la vida deja de tener sentido tiene sentido la muerte.
La sociedad ha influido en el visualizar a la jubilación como algo amenazante basándose en premisas sin contexto, pero muy socorridas como: la jubilación es el principio de la enfermedad y la muerte; esto porque la precede cronológicamente y no porque exista un comprobación científica de dicha causalidad.
Otra premisa es, al llegar a la jubilación te enfrentaras a no saber que hacer en la casa y convivir con familiares que no te conocen y quizás no te desean todo el día ahí, teniendo que reintegrarte a tu propia familia. Comencemos definiendo porque la perdida del actuar laboral nos afecta tanto y/o diferente a todas las personas. Esto sucede porque las perdidas, apegos y los duelos son personales, cada individuo tiene diferente grado de resiliencia, que esto no es más que la capacidad para afrontar situaciones difíciles o traumáticas. Por esta razón cada persona vive diferente un mismo evento.
Acompañada de la jubilación y no porque ella lo produzca viene evidenciar algo que ha pasado a la largo de la vida y es confrontar todas esas perdidas a las cuales no se prestó importancia por estar ensimismados en el trabajo como: los cambios en la dinámica de pareja, viudez o divorcios, fallecimientos de padres, amigos y otros seres queridos; pasar de la independencia a la dependencia, principalmente por motivos de salud o económicos, disminución de las capacidades físicas y cognitivas , pérdida del cambio de rol, y el sentimiento de perdida en el sentido de la vida.
El no saber cómo lidiar el que hacer con 24 horas del día cuando se ha dependido casi toda la vida de un reloj checador, de horarios, de no tener la libertad de seguir un plan propio, puede provocar en el jubilado; tristeza, confusión, depresión, desgano, culpa, angustia, ansiedad, desánimo y melancolía.
Asimilar todos estos cambios se hace por medio de un Duelo, un duelo es un proceso psicológico al que nos enfrentamos cuando vivimos perdidas y consiste principalmente en la adaptación emocional frente a ellas englobando factores cognitivos fisiológicos y comportamentales.
La psiquiatra suiza Elisabeth Kübler-Ross publicó en 1969 el libro “On death and dying” (“Sobre la muerte y el morir”), la descripción por primera vez las 5 fases del duelo. El modelo de Kübler-Ross divide el duelo en 5 etapas que tienen lugar de forma sucesiva; no obstante, años después se ha evidenciado que el proceso de duelo no es lineal y rígido.
Según afirma la autora “On death and dying”, en primer lugar, pasamos por la fase de negación y después por la de ira, la de negociación, la de depresión y, finalmente, la de aceptación de la pérdida en este el fin de ciclo de esta etapa laboral.
¿Qué podemos hacer para acompañar a alguien frente a un duelo o para prepararnos para el nuestro en un futuro? Primero, asimilar que todo es un ciclo todo tiene un inicio y un final, identificar que experimentar emociones es totalmente natural frente a los cambios de escenarios, que siempre tendremos la oportunidad de resignificar nuestras metas, objetivos y sentido de vida y que uno es responsable de su existencia, nadie más.
Algunos elementos a considerar para afrontar exitosamente un duelo por jubilación son:
1.- En el presente o años previos a la jubilación comenzar a idear un nuevo proyecto de vida contemplando ahorros.
2.- Con regularidad hacerse chequeos médicos para asegurarse que nos encontramos en estados óptimos de salud física y mental.
3.- Sembrar relaciones afectivas con la pareja, con los hijos, los amigos y familiares.
4.- Pero sobre todo el más importante: aprende a escucharte e identificar tus necesidades y deseos para generar tu nuevo escenario de proyecto de vida que llene tu sentido.
La jubilación, así como otros duelos es una reorganización de nuestra estructura de vida. Actualmente algunas empresas brindan acompañamiento psicológico o tanatológico a sus colaboradores para prepararlos para la jubilación y para otros procesos de duelos que pudieran presentar como lo son cambios de puestos, reubicación de residencia, accidentes o perdidas de familiares, etc.
Si bien la jubilación puede representar una serie de pérdidas y duelos también puede resignificar una concientización del manejo de emociones, de aprender a cerrar ciclos de tener una oportunidad de planear una nueva vida profesional, laboral y personal. Pero sobre todo de disfrutar y vivir una nueva etapa en este camino llamado vida.
VLT

